Colegio Internacional Campolara

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Las emociones

¿Da lo mismo morirte o que te maten?
Poderes públicos que van frontalmente contra la ciencia, la moral, el derecho, la física o la medicina.

Autor: Ramón Pi
En la revista ÉPOCA, 14-20 de marzo 2003.

La crisis de Irak, el caso de la niña nicaragüense violada que abortó, los "matrimonios" entre homosexuales, la adopción de niños por parte de este tipo de parejas, la inclusión del término "género" en documentos oficiales (también de la ONU) en sustitución de "sexo", son ejemplos fehacientes de hasta qué punto en esta época, sobre todo en las sociedades más desarrolladas, hemos renunciado a la razón para guiarnos sólo por las emociones y los sentimientos.

En todos estos asuntos, y en más que podríamos citar y que al lector no le costaría traer a la memoria, el debate público y las decisiones políticas obedecen no al razonamiento jurídico, al respeto al genio gramatical del lenguaje, o a la observación de la anatomía, la fisiología y la psicología humanas, sino a las emociones y los deseos de grupos de personas, normalmente muy organizados, que pretenden, y a menudo consiguen, una actuación de los poderes públicos que va frontalmente contra la ciencia, la moral, el derecho, la física o la medicina.

Los grupos proabortistas se valen del admirable sentimiento de solidaridad y compasión hacia la niña violada para presionar y conseguir que se dé muerte al hijo fruto de esa salvajada. Se hace hincapié en el riesgo que corre la vida de la madre si permite que prosiga su embarazo, y mucha gente se conmueve, como es natural. Pero para lograr su propósito abortista es necesario ignorar la diferencia que existe entre morir y matar, entre que una enorme desgracia (la violación) pueda hacer que esa niña muera, y que para conjurar ese riesgo se mate al hijo que lleva en su vientre. A mucha gente que se guía sólo por las emociones le parece bien que el Derecho no distinga entre morirte o que te maten.

La homosexualidad es, se mire como se mire, una forma de anomalía fisiológica y psicológica, pero en lugar de afrontarse esta cuestión yendo a sus causas, algunos prefieren tratar de convertir los deseos en realidades, y se dejan guiar por el sentimiento de hacerles la vida más fácil a los homosexuales fingiendo que su tendencia sexual invertida responde a una de las opciones que cada cual puede preferir, en lugar de favorecer la comprensión hacia las personas al mismo tiempo que se busca la corrección de los comportamientos desviados, como si por imaginar que la homosexualidad es fisiológica y psicológicamente normal las cosas fueran, en efecto, así por arte de magia.

Hemos infantilizado la comprensión del mundo y de la vida hasta niveles preocupantes. De estas actitudes pueriles, sostenidas con la ficción de una seriedad imposible, no cabe esperar nada bueno. La realidad es muy, muy tozuda. Es bien conocido el dicho: Dios perdona siempre; los hombres, algunas veces. Pero la naturaleza no perdona nunca.