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Remedios para el desamor
Autor: Enrique Rojas
Fuente: La Nación
Cit por Mujernueva.com, 16.I.2003
Desde la atalaya de mi consulta psiquiátrica he visto circular delante de mí
muchas crisis conyugales. Unas veces ha sido posible encontrar vías de
comunicación y de solución. En otras, la pareja se ha roto, se ha partido
por la mitad. El fenómeno es muy complejo y sus raíces tienen una rica
etiología.
Pero desde el punto de vista psicológico hay tres notas importantes que
deben ser subrayadas:
1) se trata de un hecho epidémico, que ha sustituido a las viejas epidemias
de siglos y años precedentes;
2) es contagioso, cosa que no debe exaltarnos, ya que las modas se contagian
más que las enfermedades infecciosas;
3) se enmarca dentro de una profunda crisis de valores que está recorriendo
la sociedad del bienestar.
¿Qué está pasando? ¿Quién iba a decirnos hace tan sólo unos años que en esta
etapa de progreso de los grandes países de Occidente, superadas tantas
dificultades históricas, nos íbamos a encontrar con esta terrible plaga? El
problema tiene muchas variantes. Ahora lo vamos a ver desde tres secuencias
diferentes: características del amor en general, ingredientes del amor de la
pareja, y, por último, tipos de crisis conyugales y posibles objetivos
terapéuticos.
¿Qué es el amor? La pregunta parece casi una osadía. Cuántos libros,
novelas, poemas y tratados se han ocupado de él, bien de una forma o de
otra. El término amor es polisémico, tiene muchos sentidos. En él se dan
cita un conjunto de significaciones. Pero su uso, abuso, falsificación,
manipulación y adulteración exigen un esfuerzo especial de clarificación
para evitar que llegue a quedar reducido a cosa, cosificado, trivializado,
como tantas veces está sucediendo hoy.
Hay muchos tipos de amores. Desde la amistad hasta la simpatía, desde la
amplia gama de relaciones interpersonales (amor a los padres, a los hijos, a
los familiares no tan cercanos, a los compañeros de trabajo, etcétera) hasta
el amor a cosas u objetos inanimados (los muebles antiguos, el arte
medieval, el Renacimiento, la literatura romántica). También está el amor a
cuestiones reales (la justicia, el derecho, la verdad, el rigor
metodológico) o a ciertos temas de vida (a la tradición, a la vida en
contacto con la naturaleza, al trabajo bien hecho, al estilo de vida
clásico). Finalmente, el amor al prójimo, entendido éste en su sentido
etimológico y literal, a los que están más cerca, y el amor entre un hombre
y una mujer, que va a ser el núcleo de nuestro análisis. Y el amor a Dios,
para el hombre de fe.
Bases de un matrimonio
Lo común a todo amor es la atracción, la aprobación, la tendencia a
adherirse a ese algo, que ve como bueno y que conduce a su posesión. Es el
amor humano el puente sobre el que inicialmente se hilvana todo el
sentimiento. Porque amar a alguien traduce un sentimiento de gozo, de
alegría interior que tiende a la unión. El sentimiento va a ser el motor de
esta dinámica, aunque con el paso de los años, cuando ese amor lleve ya un
cierto rodaje, necesitará de otros componentes que veremos enseguida. El
enamoramiento está presidido por emociones y sentimientos; el amor de la
pareja está recorrido además por el sentimiento, por la voluntad, la
inteligencia, el compromiso y la entrega. Mientras el primero supone una
concepción adolescente, el segundo alberga un sentido más maduro.
Veamos ahora las características del amor conyugal, matrimonial o de la
pareja. Lo inicial es el sentimiento, que arranca de ese poderoso estímulo
que es la atracción. El amor es ante todo un sentimiento, pero no se agotan
todos sus contenidos en él. Es además una tendencia que se quiebra en tres
direcciones: físico-sexual, psicológica y espiritual.
Debe apoyarse, también, en una filosofía de vida común, similar. Cuando los
cónyuges viven unas creencias firmes y coherentes, los avatares del porvenir
son vistos con otra perspectiva. En el hombre de Occidente, el pensamiento
cristiano ha llenado con creces todas las inquietudes humanas. Viene después
el amor como acto de la voluntad, así se producirán esfuerzos concretos por
mejorar la convivencia diaria, luchando cada uno y poco a poco por ir
venciéndose personalmente. Un amor sin voluntad es un amor inmaduro,
frívolo, superficial, trivial, producto típico del nuevo hombre light. Para
los defensores de esa concepción el amor es sólo un sentimiento, que va y
que viene según soplen los vientos. Ese es el amor de las canciones de moda,
monumento ligero e insustancial.
Otro componente importante es la inteligencia. ¿Qué quiere decir esto?
Significa que el amor ya establecido debe ser un acto inteligente o, dicho
de otro modo, hay que amar con el corazón y con la cabeza. Así se descubre
el jeroglífico que es la convivencia: se aplica la cabeza, poniéndose orden
y claridad. Ese amor se hace más personal, se individualiza. Así uno es
capaz de entender la psicología del otro, con objetividad y, por supuesto,
con el efecto y amor necesarios. La voluntad y la inteligencia como
ingredientes del amor de la pareja son esenciales, pero hoy son impopulares,
no tienen buena prensa, no se llevan. Y es lógico, dado el clima hedonista y
permisivo en el que nos movemos.
Dos notas más queremos añadir a esta colección de elementos. El amor es
compromiso que apunta hacia la fidelidad, la cual se sustenta a través de
continuas y pequeñas lealtades. Por eso la libertad de cada uno queda
comprometida en el amor. No olvidemos que todo compromiso, a la larga, puede
aparecer en un momento determinado excesivamente costoso. La fidelidad hace
que el amor sea vivido con integridad y coherencia. Cuando todo es pasajero,
relativo, hasta que uno y otro se soporten, nos vamos a encontrar con un
subproducto que es el amor light , amor sin compromiso, sin voluntad, sin
cabeza, sin esfuerzo, sujeto a los vientos que vengan: terminará siendo un
producto afectivo degradado.
Y la última nota con la que resumimos la alquimia del amor humano: ésta
implica un proceso dinámico. Con el paso de los años, éste se verá sometido
a cambios, oscilaciones, giros, pero manteniendo sus puntos primordiales. El
subsuelo del amor permanece.
Queda así analizado fenomenológicamente el amor conyugal, mezcla de
sentimiento, tendencia, filosofía de vida común, voluntad, inteligencia,
compromiso y curso dinámico.
Puentes de acercamiento
La diversidad de tipos de crisis conyugales impide trazar una línea
terapéutica recta. Pero sí podemos dar una serie de remedios para el
desamor. Observaciones psicológicas que pueden servir de ayuda y orientación
para esas etapas difíciles:
Para empezar a arreglar una situación conyugal difícil es necesario
esforzarse por asumir y digerir el pasado entre ambos. Es menester una
especie de borrón y cuenta nueva. Si esto lo hacemos en otros terrenos de la
vida, cómo no lo vamos a poner en práctica en este campo. La incapacidad
para superar el pasado convierte a muchos en personas neuróticas, amargadas.
Es importante esforzarse por no sacar la lista de agravios. Ese inventario
de pequeños y grandes fallos, errores, defectos o fracasos que se acumulan
tras la convivencia.
Respeto mutuo en tres direcciones: palabra, obra y gestos. ¡Cuántas parejas
podrían haberse mantenido si no fuera por la utilización descontrolada de
palabras fuertes, duras, hirientes, cargadas de acusaciones,
descalificantes! El respeto de obra es esencial: en el lenguaje jurídico
hablamos de sevicias para referirnos al maltrato. Es clave también cuidar el
lenguaje no verbal: por eso el respeto de gestos y ademanes tiene un enorme
valor.
Evitar discusiones innecesarias. Aquí entraría de lleno lo que los
psiquiatras llamamos "adquisición en habilidades de comunicación".
Aprender a remontar momentos, días o situaciones difíciles. Tener capacidad
de reacción y poner en marcha enseguida recursos psicológicos adecuados.
Estos cinco puntos sólo abren un rico campo de posibilidades. Buscan puentes
de acercamiento y comprensión. Y sin perder de vista que en el amor conyugal
lo importante es lo pequeño.
No hay felicidad sin amor y no hay amor sin renuncia.
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