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SÓCRATES Y BUTTIGLIONE

Por José Ramón Ayllón, en Expansión, Dic. 04

A Sócrates le costó la vida discrepar de lo políticamente correcto. Atenas era la mejor de las democracias, y Sócrates el mejor de los atenienses, pero no se libró de la cicuta. Ahora que ha cesado la tormenta mediática contra Buttiglione -vetado como ministro europeo de Justicia-, quizá no esté de más decir dos cosas sobre el sospechoso fundamento de ese revuelo. Un juez tiene derecho a pensar que un hombre es mal deportista o mal dibujante, pero no tiene derecho a condenarle por eso. De manera semejante, tiene derecho a pensar que determinados actos son pecado sin ser delito. Si ejerce como juez, debe atenerse a las categorías legales, pero como hombre tiene derecho a pensar con categorías religiosas. Tiene derecho porque la libertad de conciencia, religión, pensamiento y expresión figura entre los derechos humanos fundamentales, proclamados por todas las declaraciones correspondientes.

Esa libertad fundamental es la que se ha negado al filósofo y político italiano, a pesar de que su argumentación fue transparente. Preguntado por una eurodiputada sobre cómo pensaba hacer compatibles la reprobación moral que le merece la homosexualidad y su deber de combatir la discriminación de los homosexuales, Buttiglione recordó la célebre distinción kantiana entre moralidad y legalidad: "Muchas cosas que pueden ser consideradas inmorales no tienen por qué ser prohibidas. En política no renunciamos al derecho de tener convicciones morales (...). Podemos construir una comunidad de ciudadanos, incluso si tenemos opiniones diferentes sobre cuestiones morales. Nadie puede ser discriminado en razón de su orientación sexual. Así esta establecido en la Constitución, y yo he jurado defender esta Constitución".

Buttiglione solo ha sufrido linchamiento mediático, no la muerte, pues algo hemos ganado en dos milenios. Pero el proceso ha sido idéntico: manipulación de sus declaraciones y condena como enemigo público. El político italiano podría repetir en su defensa, punto por punto, las mismas palabras que empleó el filósofo ateniense: "Debo defenderme y tratar de desenmascarar la calumnia que habéis escuchado con tanta insistencia de mis acusadores, pero me parece difícil y no me hago ilusiones. Intrigantes, activos, numerosos, hablando de mí con un plan concertado de antemano y mucha persuasión, os han llenado los oídos de falsedades, y prosiguen violentamente su campaña de calumnias".

En uno de esos artículos magistrales que Juan Manuel de Prada nos regala de cuando en cuando, leemos que "la Unión Europea ha considerado que el ejercicio de una función pública es incompatible con la libertad de conciencia (...). El legislador europeo introduce así una excepción o requisito previo en el reconocimiento de los derechos, que a partir de ahora sólo acogerán a quienes previamente hayan renunciado a sus convicciones morales". Sócrates -como Buttiglione- encarna la violenta situación de la persona aislada por defender verdades fundamentales. Ambos pertenecen a esa clase de hombres apasionados por la verdad e indiferentes a las opiniones cambiantes de la opinión pública. Hombres que no dudan en comprometer su imagen y su pestigio en la solución a este problema radical: ¿Es preferible equivocarse con la mayoría o tener razón contra ella